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A Shostakovich le ocurrió que a partir de cierta fecha nunca más se molestó en escuchar sus propias obras. De las cifras para ser más exactos. La solución no pudo ser más original y más equitativa. Como compositor fue un ejemplo m?s que pasable, aunque sin rayar la eminencia, pero como profesor se perfil? como un desastre; su vapuleo de las reglas did?cticas convencionales, sus cabezaditas en mitad de la clase y su pl?cida. El estómago se me revuelve, el cuerpo entero se rebela y decir que no me llega la camisa al cuello es quedarse corto». Búscame esta bagatela y envíamela si no cuesta más de diez, quince o treinta francos». Madrid: Editorial Poblet, 1933. En realidad la demencia de Nijinski no hab?a hecho m?s que comenzar, siendo precisamente en Saint Moritz donde avisaron a su esposa de que el bailar?n se estaba paseando por el pueblo con una gran cruz. Prokófiev se inclina de manera provocativa y vuelve al piano para repetir. Verdi fue concluyente: «Es que la escena en la que el rey Lear se encuentra de frente al bosque me espantó!».

Tan sólo pidió que le dejaran la partitura durante aquella tarde, una tarde que él empleó en aprenderla de memoria para dirigirla tan brillantemente que «a la noche fue contratado inmediatamente». Es siempre insondable y hermoso. Creo que tener muy poco dinero también es otra cosa bastante distinta y convertible a un sustantivo muy concreto que el decoro me impide reproducir. En una de las piezas se perdió a la mitad y hubo de comenzar de nuevo como un principiante en un examen de conservatorio. Como tampoco a componer con dicho instrumento, añadimos nosotros, y así es como sus tres peculiares Sonatas para piano ya certifican esa defunción anticipada. Había nieve reciente que cubría superficialmente las grietas de hielo y en consecuencia no dejaba reconocer con exactitud los pasajes peligrosos. El pr?ncipe se acerc? a Paderewski veintisiete a?os despu?s, en 1919, siendo el pianista primer ministro de Polonia, toc?ndole balbucir ahora a ?l, ya que una de aquellas dos ranas, de nombre Herbert Hoover, se hab?a convertido nada. Su hija Justine recordaba aquel tic en una entrevista realizada muchos años después de su muerte: «Podía controlarlo.

En fin, los compases que no hubiera dado Berlioz de su Sinfonía Fantástica por dominar el alemán y los que Wagner no habría dado de su Tannhäuser por saber algo de francés. Cuánto hubiera agradado al de Bonn conocer esta cortesía simpar! Mi pudor me impide romper lo que resta y quedarme con los siguientes. Pero los axiomas, como algunas normas y como algunos augurios, están para ser trasgredidos, algo esto muy inteligente, dado que la trasgresión, cuando no forma parte de la felicidad, es fuente que propicia la misma. Cansado de la lucha contesté a eso tomando veneno frente a sus ojos. Para él, Curzon, por entonces de cuarenta y nueve años, era «un músico extraordinario, pero un hombre muy nervioso, y yo cometí con él un error psicológico terrible. Beethoven sufrió su primera sordera a los diecisiete años, pero ahí el órgano dañado no fue su oído, sino Dios. Hermanado con Mozart en fobia estaba Saint-Saëns.

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Tenía un aspecto encantador y parecía feliz. En la primavera de 1906 se encontr? con que ten?a veintitr?s a?os y una diplomatura de doctorado en filosof?a; como lo segundo no le val?a de mucho aprovech? lo primero para apostar por la audacia y dedicarse. Esta reacción me trae a la cabeza la de un siempre comedido y pacífico Charles Ives, que sin embargo apretaba los puños hasta sangrar cuando el público despreciaba el estreno de la obra de algún colega. Quisiera tener la ocasión de agradecerle, honrado maestro, nuevamente, toda la ayuda que me ha prestado a costa de su propio sacrificio de la forma más sincera. Jean-de-Mierda Poueigh, rey de los idiotas, líder de los retrasados, emperador de los asnos. Buenos Aires: Editorial El Ateneo, 2002. El resultado fue que se suspendió el resto de funciones previstas y las críticas periodísticas arreciaron. Cuando responde mira a todas partes y a ninguna, se pasa las manos temblorosas por el cabello, juguetea con el cordón de un zapato, se toca la patilla de las gafas Habla deprisa y luego se interrumpe, como a golpes». Vivía tan obsesionado por la salud de sus hijos pequeños que les obligaba a levantarse muy temprano para hacer los ejercicios de gimnasia que se retransmitían en directo por la radio. Regres? al pa?s de los d?lares para el estreno el 10 de diciembre de 1910 de La Fanciulla en el Metropolitan, y como no dispon?a de met?lico para comprarse otra lancha se hizo r?pidamente con dos mil d?lares.

La ventaja de ser músico y ser hombre es que se podía llevar una doble vida: la de vivir para componer y la de vivir para contarlo. Brahms inauguró lo que podríamos llamar oído viperino. En la d?cada de los setenta del siglo XIX se hallaba reci?n casado e instalado en un piso que daba a la Facultad de Medicina de San Petersburgo, m?s en concreto al laboratorio donde Borodin trabajaba, acordando ambos que. Le admiraba sin medida, teniéndole por «el Júpiter de nuestro Olimpo» y sintiendo arder brasas en el estómago cuando alguna formación orquestal alteraba por poco que fuera la literalidad de su música. Contenido: Ya lo decían los mandamientos: respetarás a tu prójimo.

André se cayó por una ventana y Jean murió por la acción de una enfermedad infantil. Ni yo mismo tenía formada una opinión sobre la obra. No sólo trataba de usted a todos los alumnos, sino que además les enviaba un telegrama a cada uno cuando algún imponderable le impedía acudir ese día a las clases. Mucho más adelante aquel valor se transformó en lucidez para catalogar aquellas de sus obras que merecían un repudio sin camino de vuelta. Su amigo íntimo Von Spaun cuenta en sus Memorias que «dar clases de piano para procurarse unas pocas ganancias era para él una amarga obligación». Una relación perfectamente simbiotizada de pánicos era la que sentía Ignaz Jan Paderewski. Tengo tanto miedo y tal horror a la vejez! Así como Arbós coleccionaba inocentadas Sarasate coleccionaba bastones para defenderse de coleccionistas malévolos. Estallando en 1936 la guerra civil espa?ola fue entonces Casals quien reclam? toda la ayuda a sus conocidos para subvenir las necesidades de los ni?os espa?oles, y en aquella ocasi?n una cocinera de Estados Unidos le entreg? pr?cticamente.

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Científicos han hecho que una rata parapléjica, con la médula espinal completamente partida en dos, camine con pasmosa fluidez por una cinta de correr e incluso salte obstáculos. Se me confió entonces la dirección del departamento de música del teatro del ejército. Estamos donde estamos y el resto son suposiciones, advierte Martín. La muerte, ese calderón irrompible al final de la partitura Lo peor que le puede suceder a cualquier persona no es tanto morirse como asumir la conciencia de estar muriéndose. Le visité a mi regreso de París, le hablé de mi experiencia allá, conversé sobre el estado de la vida musical en Francia y después sobre el existente en Alemania, y sobre literatura y política, pero durante casi una hora no pronunció una palabra. He intentado (s?lo intentado) omitir obviedades por todos conocidas del tipo Beethoven era sordo, Mozart un ni?o genial o Schumann un esquizofr?nico, para centrarme en aquellos hechos y correspondencias m?sico-personales menos conocidas y, por ello, m?s impactantes, acudiendo siempre a fuentes. No la encontrarán en el BOE; la ley lingüística de economía expresiva, o principio de economía del lenguaje, es una tendencia natural del lenguaje a realizar el menor esfuerzo, estudiada por diversos lingüistas que, dependiendo del autor, puede ser denominada principio o ley.

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